Se acerca el buen tiempo; los días se alargan regalándonos más luz, poco a poco la temperatura ambiente ascenderá hasta notar calor y ajustaremos nuestras formas de vestir y calzado a las circunstancias. Nuestra piel y sus anexos, pelo y uñas, estarán más expuestas y cambiarán su aspecto con el paso de los días: seguramente observaremos cómo la piel se seca, el pelo puede que se estropee más y las uñas adquieran una imagen engrosada, amarillenta o incluso blanquinosa.

Y en los pies especialmente: con la llegada del buen tiempo solemos usar calzado más destapado y que expone más las estructuras de los pies; éstos no tendrán la contención de un zapato cerrado, a nivel de suelo contactan con más facilidad con polvo y suciedad así como les hacemos perder ese plus de amortiguación que normalmente les aportamos con un zapato cerrado. Así de repente esta armónica y espléndida estructura (pie) que nos mantiene estable, nos equilibra y nos lleva allí donde decidimos, intentará y logrará por todos sus medios responder competentemente a lo que le solicitamos… no obstante a costa de algún padecimiento si no los hemos cuidado durante todo el año como es debido.

La piel de los pies debe ser y estar elástica y flexible; de esta manera evitaremos zonas de endurecimiento (durezas) o callosidades así como las famosas grietas de talón, cuando le pedimos estiramiento y adaptación al terreno con calzados que le aportan poco confort. Las uñas también deben mantenerse hidratadas y saneadas para evitar alteraciones en su engrosamiento o la aparición de infecciones oportunistas (especialmente hongos, onicomicosis); tanto en la piel como en las uñas es preciso mantener un grado óptimo de hidratación e higiene que son la mejor prevención ante cualquier posible infección (hongos, verrugas, bacterias), eccema, etc… Así como tampoco es adecuado un alto grado de humedad que generará cambios en el pH de la piel y uñas favoreciendo asimismo todas las alteraciones comentadas anteriormente. La piel no puede ni debe estar deshidratada ni húmedad, debe estar y ser hidratada.

¿Qué podemos hacer para mantener un buen estado de salud de la piel? Considerando que la piel es el órgano más extenso que posee cualquier ser humano no es difícil entender que no es sólo una cuestión de tratar localmente allí donde existe una alteración; tratamiento que suele ser externo como aplicación de cremas hidratantes específicas con urea, emolientes, astringentes (secantes), medicamentos en forma de pomadas o lacas ungueales… es preciso nutrir este órgano durante todo el año también por dentro sobre todo  a través de  nuestra alimentación: una dieta rica en verdura y agua, con aporte de factores que favorecen los procesos de regeneración y estructuración de la piel. Por eso ante una alteración del aspecto de los pies (tanto de la piel como de las uñas) ahora que los destapamos, queremos que se vean bonitos y nos llama la atención todo aquello que estéticamente se sale de lo que aceptamos como bello, pensemos en que existen herramientas que el podólogo conoce y puede ofrecer a sus pacientes, así como trascender de la idea de que se trata de una cuestión aparentemente estética cuando no lo es, ya que  es una cuestión global, de todo el organismo. En nuestra consulta de podología y posturología Equilibrum tratamos y asesoramos a nuestros pacientes en todas aquellas dolencias y alteraciones de los pies.