DOLOR DE PIES VS. DOLOR EN LOS PIES

Con este artículo os quiero proponer un cambio de idea hacia una amplitud de visión o de concepto que consiste en valorar el dolor de pies y el de dolor en los pies y que enlaza a la perfección con la manera que tenemos en Equilibrum de abordar las alteraciones o disfunciones que presentan l@s pacientes. De y en son dos preposiciones; la primera pone de manifiesto “una relación de pertenencia” y la segunda está “indicando una localización”. Evidentemente el dolor que se padece es el mismo, su intensidad, la forma en cómo nos avisa, si es caliente o pulsa… pero aquellas dos preposiciones y la forma de decir lo que nos pasa, nos ayuda a concebir ese dolor como algo propio de aquella zona a la que lo asociamos (de los pies) o a percibirlo como algo que  aparece en aquel lugar (en los pies). Normalmente la tendencia terapéutica de los profesionales de la salud es la de analizar, explorar y tratar la zona donde reside el dolor, porque el dolor es de esa zona concreta; en muchas ocasiones esta zona dolorosa es la zona en la que aparecen lesiones que suelen explicar los síntomas que sufren l@s pacientes (con lo que habitualmente inferimos que es la causa de la sintomatología),… pero ¿qué sucede cuándo no hayamos una lesión “palpable” o “visible” que pueda explicar la sintomatología? ¿Y si no existe una lesión constatable a través de imagen? Si no encontramos nada, ¿quiere decir que el paciente no tiene nada? Es más, si hayamos una imagen que pueda explicar una patología dolorosa, ¿es correcto atribuirle la causa del dolor a esa imagen, a ese hallazgo? Tengo la impresión de que en los últimos tiempos hemos (y digo hemos) procedido a una simplificación (o casi ninguneo) del criterio clínico en general (que debe basarse en toda la información que aporta el paciente cuando acude a la consulta) para otorgar a la maquinaria el poder diagnóstico a través de sus imágenes (radiografías, escáneres, resonancias…) para así poder encontrar un culpable y atacarlo. Antes de continuar quiero realizar un inciso importante: aprecio enormemente la aportación que han hecho todas las personas con las investigaciones y el desarrollo de aparatos médicos que tantas vidas salvaron, salvan y salvarán; pero no debemos olvidar que su uso ha de ser un soporte al diagnóstico y no el diagnóstico en sí. Retomando el tema anterior al inciso, ante estas  situaciones es fácil entrar en una dinámica reduccionista del diagnóstico ya que solemos poner gran interés en los hallazgos y resultados, pero nos perdemos u obviamos el camino que conduce a ellos y que puede estar  conduciendo a nuevas alteraciones. Y llegamos al punto en el que hay que apostar por el concepto de dolor en los pies, y no sólo porque no encontremos una lesión física de los pies sino porque antes de que esto ocurra existen muchas disfunciones que crean dolor en los pies mucho antes de que haya un daño estructural. Ese dolor formará parte del cuadro de síntomas que tiene una de su expresión en los pies pero que hay que considerar dentro de todo el contexto de la persona. Las disfunciones hay que entenderlas como una alteración de la funcionalidad del sistema corporal que hace que éste no marche como es preciso: el cuerpo humano funciona constantemente para lograr su estabilidad, no descansa ni un momento, conoce cuáles son sus parámetros para percibirse y sentirse estable y su adaptación al entorno es incesante… ¿no parece más interesante poder incidir en este desarrollo por conseguir la estabilidad y el equilibrio que sobre las consecuencias que aparecen? Es ir todavía más hacia el origen de la causa, más cerca del principio que comenzó a desadaptar la estructura corporal y personal para poder abarcar más posibilidades de éxito con el tratamiento. Actualmente en el ámbito de la podología, el podólogo puede especializarse en el mundo de la posturología; esta especialización permite valorar la funcionalidad del paciente, analizar a qué nivel residen las limitaciones que éste presenta y diseñar tratamientos podoposturales personalizados para ayudarle  a reintegrar su postura corporal. Es muy importante este cambio de perspectiva ante un tratamiento, ante cualquier tipo de tratamiento, pues pone en evidencia aquello que no funciona bien a nivel global (de todo el cuerpo) y que podría acarrear consecuencias a nivel localizado (por ejemplo en los pies)